jueves, 29 de agosto de 2013

Mi amor



  La mujer del poeta José Agustín Goytisolo aparece en el poema “A Hans Magnus le roban la maleta” durante el acto cotidiano de ir de tiendas en busca de una maleta útil para viajar y del gusto de su amigo el poeta alemán.
  No parece que sea ella la muchacha bruna del poema Tú tiemblas, inmersa en un trance más arrebatador y pasional: Ven a mis brazos/ ya nada soy sin ti/ mi amor / muchacha bruna.
  La esencia de este amor mayúsculo, espiritual y tierno, desnudo y sin contaminar por la intrascendencia de los problemas cotidianos, asoma con relativa frecuencia en los poetas. La añadidura del contacto es abrasivo si se conserva puro, protegido y mimado desde la coincidencia que los ha generado y hecho evolucionar. Aunque en Era como la luna habla en tercera persona presumo que es él quien inventa maneras de alumbrarla, razón por la cual le recomienda no apartarse del hombre que, por otro lado, al abrazar (la añadidura del contacto), provoca que arda el aire entre los dos cuerpos enlazados.
  Es presumible que también sea él, el extraño hombre flaquito que se encuentra en un hotel de Málaga con Kathelen, desliz que ella, mientras su marido pronuncia en París una conferencia, pedirá al psiquiatra se lo explique de vuelta a New York, fórmula liviana de eludir la trascendencia de su infidelidad y de restarle pesar a su conciencia.

  Los amores de Ángel González son más abiertos y mudables pero igualmente indelebles. Los síntomas y sensaciones que acaecen cuando el amor le anega el corazón son compartidos por todos aquellos que experimentan su crisol de certezas y contradicciones. La existencia cobra un tinte sensible, vitalista y esplendoroso, y sólo es factible porque tú me imaginas, y tu pensamiento me hace inteligente, limpio, sencillo y bondadoso.
  Del poema Muerte en el olvido al Mientras tú existes revierte el orden de los factores que animan el nuevo sentido transformado de la existencia ya que es la evocación indubitable de su imagen la única capaz de llenar su corazón. Y mientras la presienta viva, en algún sitio, aun transido de distancia, amada mía, ese amor no se muere, sino crece; sigue y nunca acaba.
  Y si cupiese alguna duda porque en la proximidad pudiera antagonizar su imagen con la forjada y que alimenta la nueva ilusión de existencia, advirtiendo que muda incluso por instantes y ello genera un odio fatuo y egoísta, no es tal odio, sino la propia condición aborrecible de su parigual hombre corrompido y fabricador de desgracia, venciéndose a sí mismo para volver a amar a la que es, a la que identifica con su perfil cuando sonríe. De donde nace una Carta sin despedida.

POEMAS ALUDIDOS:

Poema Tú tiemblas. José Agustin Goytisolo.


TU TIEMBLAS

El sol se va extinguiendo
en las paredes últimas
del día
           y mientras tanto

el aire se estremece
presintiendo ya al tacto
de la sombra
           que llega

y que cubrirá toda
la vastedad de calles
solares plazas.
            Antes

de que el frío nocturno
acalle las palabras
y los ruidos
            yo quiero

decirte que te amo
en esta hora: cuando
tú tiemblas
            y no sabes

porqué. Ven a mis brazos
ya nada soy sin ti
mi amor
              muchacha bruna.

Audio Tú tiemblas.



Poema Era como la luna. José Agustín Goytisolo.



ERA COMO LA LUNA

Era como la luna: deslumbraba
  si un afán la encendía
y se ocultaba en los momentos feos
  de duelo y desamor.

Y crecía o menguaba según fuesen
  jubilosas o aciagas
las horas que la noche le ofrecía
  jugando con la suerte.

Todo era vértigo ansiedad y gracia
  cuando se conocieron:
a él le pareció hermosa y la mujer
  sólo miró sus ojos.

Pero ocurrió que cuando se abrazaron
  fuego era todo: ardía
el aire que enlazaba los dos cuerpos
  y las dos esperanzas.

¡Oh mujer de la noche! No te apartes
  del hombre que se inventa
maneras de alumbrarte cuando menguas
  y te haces luna nueva.

Audio Era como la luna.



Poema Muerte en el olvido. Angel González.


MUERTE EN EL OLVIDO

Yo sé que existo
porque tu me imaginas.
Soy alto porque tu me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...

Audio Muerte en el olvido.

 

 Poema Mientras tú existas. Ángel González.

MIENTRAS TÚ EXISTAS

Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz cualquiera...
                                              Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.


  
Audio Mientras tú existas.

 

Poema Cartas sin despedida. Ángel González.

CARTA SIN DESPEDIDA

A veces,
mi egoísmo me llena
de maldad,
y te odio casi
hasta hacerme daño
a mí mismo:
son los celos, la envidia,
el asco
al hombre, mi semejante
aborrecible, como yo
corrompido y sin remedio,
mi querido
hermano y parigual en la desgracia.

A veces –o mejor dicho:
casi nunca-,
te odio tanto que te veo distinta.
Ni en corazón ni en alma te pareces
a la que amaba sólo hace un instante,
y hasta tu cuerpo cambia
y es más bello
-quizá por imposible y por lejano.
Pero el odio también me modifica
a mí mismo,
y cuando quiero darme cuenta
soy otro
que no odia, que ama
a esa desconocida cuyo nombre es el tuyo,
que lleva tu apellido,
y tiene,
igual que tú,
el cabello largo.
Cuando sonríes, yo te reconozco,
identifico tu perfil, primero,
y vuelvo a verte,
al fin,
tal como eras, como sigues
siendo,
como serás ya siempre, mientras te ame.




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