jueves, 29 de agosto de 2013

Mi amor



  La mujer del poeta José Agustín Goytisolo aparece en el poema “A Hans Magnus le roban la maleta” durante el acto cotidiano de ir de tiendas en busca de una maleta útil para viajar y del gusto de su amigo el poeta alemán.
  No parece que sea ella la muchacha bruna del poema Tú tiemblas, inmersa en un trance más arrebatador y pasional: Ven a mis brazos/ ya nada soy sin ti/ mi amor / muchacha bruna.
  La esencia de este amor mayúsculo, espiritual y tierno, desnudo y sin contaminar por la intrascendencia de los problemas cotidianos, asoma con relativa frecuencia en los poetas. La añadidura del contacto es abrasivo si se conserva puro, protegido y mimado desde la coincidencia que los ha generado y hecho evolucionar. Aunque en Era como la luna habla en tercera persona presumo que es él quien inventa maneras de alumbrarla, razón por la cual le recomienda no apartarse del hombre que, por otro lado, al abrazar (la añadidura del contacto), provoca que arda el aire entre los dos cuerpos enlazados.
  Es presumible que también sea él, el extraño hombre flaquito que se encuentra en un hotel de Málaga con Kathelen, desliz que ella, mientras su marido pronuncia en París una conferencia, pedirá al psiquiatra se lo explique de vuelta a New York, fórmula liviana de eludir la trascendencia de su infidelidad y de restarle pesar a su conciencia.

  Los amores de Ángel González son más abiertos y mudables pero igualmente indelebles. Los síntomas y sensaciones que acaecen cuando el amor le anega el corazón son compartidos por todos aquellos que experimentan su crisol de certezas y contradicciones. La existencia cobra un tinte sensible, vitalista y esplendoroso, y sólo es factible porque tú me imaginas, y tu pensamiento me hace inteligente, limpio, sencillo y bondadoso.
  Del poema Muerte en el olvido al Mientras tú existes revierte el orden de los factores que animan el nuevo sentido transformado de la existencia ya que es la evocación indubitable de su imagen la única capaz de llenar su corazón. Y mientras la presienta viva, en algún sitio, aun transido de distancia, amada mía, ese amor no se muere, sino crece; sigue y nunca acaba.
  Y si cupiese alguna duda porque en la proximidad pudiera antagonizar su imagen con la forjada y que alimenta la nueva ilusión de existencia, advirtiendo que muda incluso por instantes y ello genera un odio fatuo y egoísta, no es tal odio, sino la propia condición aborrecible de su parigual hombre corrompido y fabricador de desgracia, venciéndose a sí mismo para volver a amar a la que es, a la que identifica con su perfil cuando sonríe. De donde nace una Carta sin despedida.

POEMAS ALUDIDOS:

Poema Tú tiemblas. José Agustin Goytisolo.


TU TIEMBLAS

El sol se va extinguiendo
en las paredes últimas
del día
           y mientras tanto

el aire se estremece
presintiendo ya al tacto
de la sombra
           que llega

y que cubrirá toda
la vastedad de calles
solares plazas.
            Antes

de que el frío nocturno
acalle las palabras
y los ruidos
            yo quiero

decirte que te amo
en esta hora: cuando
tú tiemblas
            y no sabes

porqué. Ven a mis brazos
ya nada soy sin ti
mi amor
              muchacha bruna.

Audio Tú tiemblas.



Poema Era como la luna. José Agustín Goytisolo.



ERA COMO LA LUNA

Era como la luna: deslumbraba
  si un afán la encendía
y se ocultaba en los momentos feos
  de duelo y desamor.

Y crecía o menguaba según fuesen
  jubilosas o aciagas
las horas que la noche le ofrecía
  jugando con la suerte.

Todo era vértigo ansiedad y gracia
  cuando se conocieron:
a él le pareció hermosa y la mujer
  sólo miró sus ojos.

Pero ocurrió que cuando se abrazaron
  fuego era todo: ardía
el aire que enlazaba los dos cuerpos
  y las dos esperanzas.

¡Oh mujer de la noche! No te apartes
  del hombre que se inventa
maneras de alumbrarte cuando menguas
  y te haces luna nueva.

Audio Era como la luna.



Poema Muerte en el olvido. Angel González.


MUERTE EN EL OLVIDO

Yo sé que existo
porque tu me imaginas.
Soy alto porque tu me crees
alto, y limpio porque tú me miras
con buenos ojos,
con mirada limpia.
Tu pensamiento me hace
inteligente, y en tu sencilla
ternura, yo soy también sencillo
y bondadoso.
Pero si tú me olvidas
quedaré muerto sin que nadie
lo sepa. Verán viva
mi carne, pero será otro hombre
-oscuro, torpe, malo- el que la habita...

Audio Muerte en el olvido.

 

 Poema Mientras tú existas. Ángel González.

MIENTRAS TÚ EXISTAS

Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz cualquiera...
                                              Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba.


  
Audio Mientras tú existas.

 

Poema Cartas sin despedida. Ángel González.

CARTA SIN DESPEDIDA

A veces,
mi egoísmo me llena
de maldad,
y te odio casi
hasta hacerme daño
a mí mismo:
son los celos, la envidia,
el asco
al hombre, mi semejante
aborrecible, como yo
corrompido y sin remedio,
mi querido
hermano y parigual en la desgracia.

A veces –o mejor dicho:
casi nunca-,
te odio tanto que te veo distinta.
Ni en corazón ni en alma te pareces
a la que amaba sólo hace un instante,
y hasta tu cuerpo cambia
y es más bello
-quizá por imposible y por lejano.
Pero el odio también me modifica
a mí mismo,
y cuando quiero darme cuenta
soy otro
que no odia, que ama
a esa desconocida cuyo nombre es el tuyo,
que lleva tu apellido,
y tiene,
igual que tú,
el cabello largo.
Cuando sonríes, yo te reconozco,
identifico tu perfil, primero,
y vuelvo a verte,
al fin,
tal como eras, como sigues
siendo,
como serás ya siempre, mientras te ame.




martes, 27 de agosto de 2013

Libélula barbuda


    Ya se conoce que para el estudio de las mutaciones genéticas y su biología del desarrollo el ser vivo idóneo ha sido la mosca del vinagre, Drosophila Melanogaster. En veinte días recorre todos sus estados naturales: huevo, larva, pupa, adulto y muerte. Mutando los genes de los embriones, se obtienen larvas mutadas y de estas adultos mutados. Los resultados son variopintos, y hacen las delicias de los alumnos en prácticas de todo Centro de Biología Molecular: distintas formas de alas, sin alas, doble juego de alas, ojos alargados, ojos pequeñitos, ojos en las alas, patas en la cabeza, cuerpos amarillos, rojos…
  Alguna vez se ensayó la inserción de características genéticas suyas en otros seres vivos de laboratorio como el gusano caenorhabditis elegans o el ratoncito albino BALB/c obteniéndose pequeños monstruitos que no prosperaron aunque se insinuaron: gusano con cabeza de mosca, ratoncito con alas dobles… El estudio y conocimiento de la genética del desarrollo con inserciones de características de otros seres vivos como si fueran mutaciones asimilables se ha desentrañado a tal grado y ha alcanzado tal punto de sofisticación que ha permitido resultados espectaculares casi al extremo de la película La Mosca, donde, por un medio distinto (desintegración y reatomización), resultó accidentalmente el hombre mosca.
  Probando manipulaciones genéticas capilares de origen humano en libélulas rojas se ha obtenido un curioso ejemplar de libélula roja barbuda, que, de momento, se conserva en buen estado gracias al medio húmedo que propicia una piscina de cloro. Aún se desconoce la utilidad práctica de este pequeño engendro, si no es en sí la valiosa información que aporta como nuevo fenómeno genómico metamófico en ciernes.








sábado, 24 de agosto de 2013

El Pensador y la Caribeña


Es difícil saber qué discurriría el Pensador de Auguste Rodin si le colocaran delante a una caribeña de Cornelis Zitman:

  1.- La pobre no tiene dinero para vestirse.
  2.- Me la quiten de delante que me excita la libido y no me concentro.
  2.-Al Infierno de Dante le faltan unas playas con muchachas nudistas.
  3.-Si pudiera wasapear con ella.
  4.-La invitaría al cine o a la discoteca o al museo a ver esculturas.
  5.-Los rasgos morfológicos y la pose provocativa muestran una propensión al amor promiscuo que atentaría contra el código deontológico de las estatuas.
  6.- ¿Por qué no se pone ella en pose pensativa y yo en pose provocativa?
  7.- La amo y pienso componer un poema como el de Goytisolo dedicado a la muchacha bruna del Tú tiemblas.
  8.- Y si ella no me ama compondré un blues como el de B.B. King: Darling, You Know I Love You.




Poema Tú tiemblas. De José Agustín Goytisolo.





Letra: Darling, You Know I Love You

miércoles, 21 de agosto de 2013

La putada de enamorarse



   Santiago García y Diana Balaguer imaginan bailar juntos el bolero “No sé por qué te quiero”, habiéndose desprendido de sus respectivas parejas. La conversación que sostienen es la que sigue:

  Santi: Diecisiete años que nos conocemos y es la primera vez que bailamos juntos.
  Diana: No te confundas. Esto es fruto de tu imaginación.
  S.: Para hacer una cosa basta que dos se pongan de acuerdo en pensarla.
  […]
  S.: Esto es una enfermedad.
  D.: Ya lo sé.
  S.: A veces voy con mujeres. En mi trabajo es fácil.
  D.: Yo he tenido un par de amantes técnicamente mejores que tú. Pero…
  S.: Nada… ¿verdad?
  D.: Nada.
  S.: Esto de enamorarse es una putada.
  D.: Sobre todo es muy poco práctico.
  S.: Pero por qué ha tenido que tocarnos precisamente a nosotros.
  D.: Sshh… Aprovecha el tiempo. Bésame.
  S.: No puedo. No estoy aquí.
  D.: Para hacer una cosa basta que dos se pongan de acuerdo en pensarla.
 
  ¿Es una putada enamorarse? Y si lo es en el sentido en que ellos lo están, lo cual excluye: 1.- Un nido de amor, que facilitaría los encuentros clandestinos. 2.- Un compromiso serio, a pesar de que planean la escapada definitiva (deben intentarlo), pero el azar interviene y se interpone.
  Pasan los días, las semanas, los años… y siempre hay un momento para pensar en el otro. Y para planear durante días, con todo detalle, un encuentro, para luego reducirse a un par de horas juntos. Diana explica en otro momento: “El sexo es ejercicio físico. Lo importante es el deseo, que está en el cerebro.”

  Hay un relato de Anna Gavalda (del libro Quisiera que alguien me esperara en algún lugar), el llamado Durante años, que sustancialmente refiere algo similar, aunque la manifestación externa difiera.
  Helena y Pierre han experimentado la pasión romántica de jóvenes, la enfermedad del enamoramiento. Parece que la madurez restó trascendencia a aquél último abrazo en la estación de tren. Él no pensó que acabaran ahí, porque se marchara a París a proseguir sus estudios. Más tarde apareció otra mujer, con la que se desposó, tuvo hijos y fue el apoyo idóneo para su éxito profesional.
  Pero Helena nunca dejó de habitar su vida interior, que rebrotaba en momentos de soledad, rescatando imágenes muy precisas y muy bellas de aquella relación. De hecho, la esposa, aunque lo sentía feliz, percibía su comportamiento fantasmal. Si bien acariciaba su vientre, su mente divagaba.
  Muchas veces pensó en llamarla. También Helena, cuando lo telefonea doce años después, para un sencillo reencuentro, solo por la ilusión de verlo, lo había pensado muchas veces. De hecho una vez se acercó a París para espiarlo.
  También tiene esposo e hijos. Y se ha replanteado muchas veces el error de aquella separación. Ha vivido una vida más dura. Y sobre todo ha conocido la soledad.
  Él satisface el deseo de ella de volver a verse (no reconoce que también es el suyo). Pasan una tarde agradable, y, antes de despedirse, Helena le pide un favor. Permitir que lo huela.
  Absorbe su olor profundamente. Por la espalda, sin que él la vea. Se desliza por el cuello, los hombros, las clavículas. No quiere que se vuelva al decirle adiós. Pierre tampoco hubiera deseado que lo viera con los ojos hinchados y el rostro contraído por la emoción.

  ¿Es una putada enamorarse? ¿O es un sentimiento genuino e irremediable que a veces ocurre entre dos personas y hasta puede pervivir en estado de latencia aunque pasen los años y se crucen otras relaciones en el camino?

lunes, 19 de agosto de 2013

Estilo agazapado



  El 23 de septiembre de 1952 se disputó la memorable pelea que dio el título de campeón del mundo de los pesos pesados al mítico Rocky Marciano. Su trayectoria había sido impecable. Aunque probablemente su palmarés se había engrosado con rivales más cómodos, por ser blanco, que los del vigente campeón, el negro Jersey Joe Walcott.
  Empezó besando la lona en el primer asalto, debido a un certero golpe en el mentón, sin que precisara conteo arbitral; le pilló todavía en frío; se levantó en seguida. En el décimotercer asalto, cuando iba perdiendo a los puntos, se sacó un casi imperceptible izquierdazo que noqueó al contrario. Las cámaras a ralentí lograron registrarlo y visualizarlo más claramente, ayudando a la comprensión de su contundencia.
  El estilo de Rocky Marciano se llegó a definir como “agazapado”, lo que incluía ser un fajador, buen encajador y demoledor con los golpes. Gustaba de la distancia más corta, casi rozando permanentemente al rival con la cabeza, como usándola para imponer la distancia conveniente. Y de ahí, sacando terribles golpes al vientre, o, de abajo arriba, a la mandíbula. El estilo “agazapado” era como estar reconcentrado en sí mismo, recluido en su inquebrantable rocosidad, que avanzaba hasta adherirse al oponente, y desde ahí, martillearlo. Su estampa equívoca, paticorta y algo contrahecha contribuía a dicho estilo.
  Hay un hecho anecdótico en aquel combate al que se le restó trascendencia, y, sin embargo, puede que la tenga.
  Sin cuestionar las cualidades pugilísticas de Rocky Marciano, corroboradas a posteriori, aquel combate tan igualado lo puso en duda, mas cuanto, por primera vez, se medía a un verdadero e imponente rival.
  El hecho anecdótico es la falta del quinto asalto en la grabación de video que se ha conservado para la historia.
  La pelea fue retrasmitida en cines, en directo. Por una sola cámara, no habiendo, como hoy, innúmeras, que registran todo desde varios ángulos. Supuestamente el quinto asalto se extravió.
  Los locutores le restan trascendencia al revisionarla: fue un asalto equilibrado, mero intercambio igualado de golpes, etc. A tenor de que el anterior y el posterior parecen calcados, no cabe dudar de que fuera así. Y más si hubo de llegarse al décimotercer asalto (de quince) para dirimirse el combate.
  Sin embargo, me ha parecido pertinente dudar de su intrascendencia, y barruntar varias explicaciones alternativas, descartado el fallo técnico en la grabación:

  1.- Se extravió el cartel con el nº 5, y se pasó directamente a exhibir el nº 6.
  2.- Sí estaba el cartel nº 5, pero el encargado se equivocó y cogió el nº 6.
  3.- La supresión de dicho asalto fue deliberada porque aterrizó un Ovni y abdujo a los presentes.
  4.- Idem, pero porque Rocky Marciano fue abatido una segunda vez y se esperó a su restablecimiento más de los diez segundos estipulados, pues se deseaba que un blanco alcanzase la corona mundial.
  5.- Hubo un salto en el tiempo causado en las cercanías por el paso del bólido DeLorean DMC-12 manejado por el Dr. Emmett Brown, el de Regreso al futuro.


domingo, 18 de agosto de 2013

El amor en punto


  La conversación es rutinaria después del trajín del día, al anochecer, en la alcoba. Incluso cuando explican los avatares y percances que les afectaron (fugas de gas, cortes de calle, averías de automóviles…) lo hacen con cierto tedio y automatismo. Entre tanto ella se desprende de las medias del liguero.
  Comentan lo que almorzaron antes de apagar la luz del centro de la habitación y dejar solo la de la mesilla de noche, más íntima. Ella se baja el cierre de la falda y la deja caer suavemente. Él la ayuda con el resto.
  Al deslizar su mano por el brazo de él, ella nota un objeto frío en la muñeca. Ha tocado la esfera del reloj. Entonces se le ocurre preguntar:
  -¿Qué horas es?
  Él considera que huelga más conversación.
  -El amor en punto.

  No parecen los prolegómenos más románticos antes de pasar al acto amatorio; será también la fuerza de la costumbre, la pujanza de la rutina. Lo que sí parece claro es que hay un momento en que sobra la conversación o cualquiera otra cosa que los distraiga. La evolución ha sido pertinente. Solo queda que hablen los cuerpos.
  Alguna vez los amantes protagonistas del relato de Marta Portal (del libro La veintena) cumplimentaron todo el proceso de cortejo amatorio según la naturaleza y la atracción mutua lo propiciara. Antes de la primera vez habría momentos de desajuste, donde, o bien uno de los dos no se sentía preparado para abordar aquel último colofón, o bien, aun concordando, no hubo medio de satisfacerlo.
  Los sexólogos tacharían de motivo de frustración la insatisfacción al no encontrar la combinación y sincronicidad en sus respectivos impulsos de atracción y deseo. Lo cual llevaría a una turbación y desánimo psicológico perjudicial e incluso patológico. Por eso lo tratan con terapia, interviniendo por separado a los miembros de la pareja, intentando que clarifiquen sus ideas y deseos y, con arreglo a ello, conviertan la eventualidad de un impulso fortuito a destiempo en una conducta consciente y decidida, madurada por ambos.
  En resumen, que lleguen alguna vez a citarse a la hora del amor en punto.


miércoles, 14 de agosto de 2013

El pensador wasapeando


  Hay que convencerse de que el pensador de Rodín no puede insistir en permanecer siempre al margen de la tecnología, de sus vertiginosos cambios e incorporaciones de herramientas muy útiles al acto de pensar. El empeño en abstraerse, en reducir la pura meditación y reflexión a lo mínimo espiritual, sin la injerencia de agentes externos, no le conducirá sino a una misantropía egoísta y ofensiva. Por tanto, las sucesivas réplicas de la estatua del escultor francés, añadirán un móvil en su mano diestra, para que pueda wasapear y compartir con su grupo de contactos sus elucubraciones.


martes, 13 de agosto de 2013

La culpa del señor K.



  El señor K. es acusado y detenido sin explicaciones. No entiende nada, ha de ser un error. Cualquier apostilla que hace al inspector a fin de clarificar tan absurdo avasallamiento es vuelta un enredo de sospechas contra él.
  Es el sistema, tal y como está organizado con leyes y estamentos tan robustos como difusos, el que lo ha escogido porque no está libre de culpa. ¿Alguien lo está? Efectivamente, su desvelo incansable y delirante por demostrar su inocencia irá concomiéndole, hasta desgastarlo y convencerlo de su inutilidad. Al final, acepta mansamente la conducción al patíbulo.
  Todo está corrompido y el sistema gelatinoso de la burocracia le da cohesión. Es imposible ponerlo en cuestión, salirse de los esquemas establecidos, se ha forjado con el discurrir de los años logrando estabilidad y eficacia. La apariencia de su necesidad es tan poderosa que no se puede eludir, ya es imposible quebrantarlo y, quienquiera que lo intente, perecerá convencido de que, al menos, es culpable por haber sido parte del mismo.
  Atrapados en la falsa necesidad amparada por leyes inconcretables que la prorrogan, uno no se siente incomodado hasta que le señalan. La fuerza de aquel aparato se manifiesta cuando aquél antepone su conciencia individual y la salvaguarda de su integridad moral.
  Thoreau había escrito: “El hombre no está necesariamente obligado a dedicarse a la erradicación de la injusticia por monstruosa que sea. Puede dedicarse con decencia a otros asuntos, pero como mínimo es su deber no comprometerse con la injusticia y si eso no le preocupa, al menos no apoyarla en la práctica”.
  Hay que recordar que el señor K. era empleado de banca. ¿Estaría aquí el quid de la cuestión? Quizás debió haber reaccionado a tiempo como Pau A Monserrat, haber dimitido y haber escrito en un libro las malas prácticas de la misma. Los clientes son víctimas porque los empleados mismos se ven avocados, inmersos en tan ávido y proteico aparato, no a asesorarlos y dirigirlos convenientemente, sino a venderles productos financieros, hipotecarios, etc. 



jueves, 8 de agosto de 2013

Entre dos nadas



  Dice un anónimo húngaro: ¿Hay vida antes de la muerte?
  Resulta entonces curioso que a muchos les preocupe más la presunta vida tras ella.
  En sus aforismos Georg Lichtenberg expone interesantes reflexiones en relación con la presunta otra vida:
  No puedo quitarme la idea de que estuve muerto antes de nacer y de que a través de mi muerte volveré a aquel estado. En muchos aspectos es una suerte que esta imaginación no pueda ser llevada a la evidencia.”
  Resulta siempre extraño que se hable tanto de nuestra duración después de la muerte, y que se hable tan poco de nuestra pre-duración antes de nuestro nacimiento. […] En las conclusiones sobre lo que seremos incluimos demasiado poco lo que fuimos antes de nuestro nacimiento.”
  Entonces da un salto de calidad y expone una esperanzadora duda en el siguiente aforismo.
  ¿No hemos resucitado ya una vez? Con certeza hemos resucitado de un estado en el que sabíamos menos de nuestro estado actual de lo que en el actual sabemos sobre el futuro.”
  El uso de la palabra resucitado es sin duda inapropiado y propiciado por la influencia de las religiones. Pero la idea queda. De todas formas descarta la injerencia de ningún Dios en todo este asunto.
  Es asombroso que se haya edificado sobre las oscuras ideas de causas la fe en un Dios del que nada sabemos ni podemos saber nada, pues cualquier deducción sobre un autor del mundo es siempre antropomorfismo.”
  Y por si no hubiera más remedio que admitir un dios antropomórfico:
  Apenas considero que será posible demostrar que somos obra de un ser supremo, y no más bien que hemos sido compuestos por pasatiempo por uno muy imperfecto.”
  En su ensayo “Que filosofar es aprender a morir”, Montaigne tiene bastante presente el estado de pre-nacimiento, cual es la desembocadura tras la muerte.
  Como el venir a la vida nos trae a la par el nacimiento de todas las cosas, así la muerte hará de todas las cosas nuestra muerte.”
  Sin embargo, lejos de esta cruda expectativa, él la despoja de toda aflicción:
  ¿A qué cometer la locura de llorar porque de aquí a cien años no viviremos, y por qué no hacer lo propio porque hace cien años no vivíamos? […] ¿Es razonable siquiera poner tiempo tan dilatado en cosa de tan corta duración? El mucho vivir y el poco vivir son idénticos ante la muerte, pues ambas cosas no pueden aplicarse a lo que no existe.”
  Montaigne no responde al anónimo húngaro, pero para, sea lo que sea, la vida antes de la muerte, como anteriormente, insiste en que su dilación es relativa:
  Si habéis vivido un día lo habéis visto todo: un día es igual a siempre. No hay otra luz ni otra oscuridad distintas.”
  El poeta portugués Fernando Pessoa pareciera tener presente esto de los días vividos en su pequeña biografía poetizada:

Si después de morir quisieran escribir mi biografía
no hay nada más sencillo.
Tiene sólo dos fechas
la de mi nacimiento y la de mi muerte.
Entre una y otra todos los días son míos.


    Quizás no todos los días sean igual a siempre, como dice Motaigne; quizás no sean el global de todas las luces y oscuridades que conforman una vida. Tampoco me parece que todos aquellos días entre el nacimiento y muerte de Pessoa fueran suyos. Los habría unos más suyos que otros; aunque, cada una, por supuesto, siempre con algo suyo.
  También ignoro la respuesta al anónimo húngaro. Pero me quedo con el poema La vida breve de Mario Benedetti. Lo que quiera que sea la vida, y si la hay, ocurre entre dos nadas, y la soledad es el paréntesis que nos dejaron.

Los árboles aguardan temblorosos
nos mandan hojas como pobre gesto
sólo les quedan frutos de congoja
ya ni siquiera luchan con el viento

Las nubes se despiden / van llorando
los prados están yermos y sufridos
en el subsuelo ya no habrá raíces
no llega ni un sabor del infinito

La vida breve ocurre entre dos nadas
llamémoslas pretérito y futuro
en todas partes y en cualquier otoño
el dinero se queda con el mundo

La soledad no es una alegoría
es el paréntesis que nos dejaron
y en ella estamos cada vez más tensos
cansados de luchar con el cansancio

martes, 6 de agosto de 2013

Te comprendo ya, créelo.



  Quizás José Hierro pudo haberla comprendido cuando aún era posible abrazarla, darle calor, besarla, descubrir que su mano ya era festín de las flores y luz errante que contribuía al alba, que ella estaba, no donde fue muriendo día a día, sino donde iba renaciendo día a día, que pudo haberle dicho “te quiero”, no como callan los hombres, conteniendo las ganas de llorar. No haberla comprendido muchos años más tarde, cuando recordó su paseo por senderos entre mármoles buscando inútilmente su nombre en una lápida. Cuando sintió remordimiento. Cuando su tardía comprensión le resultó dañina.




José Hierro

Remordimiento.



I

Inútilmente fui
recorriendo senderos
entre mármoles.

Luz
de prodigiosa hondura.
(Toda la noche había
llovido. Al clarear
cesó la lluvia. Nubes
navegaban el cielo;
nubes blancas.)

Inútil
fue recorrer senderos,
buscar tu nombre. Inútil:
no lo hallé.
Y recé una oración
por ti -¿por ti o por mí?
Después te olvidé. Sean
los muertos los que entierran a sus muertos

II

Estaba
tan olvidado todo!
Pero esta noche...

¿Por qué será imposible
verte de nuevo, hablarte,
escucharte, tocarte,
ir -con los mismos cuerpos
y almas que tuvimos,
pero con más amor-
uno al lado del otro...
(Ilusión descuajada
del espacio y del tiempo
lo sé para mi daño.)

Yo te hablaría lo mismo que hablaría,
si yo fuese su dueño
mi verso: con palabras
de cada día, pero
bajo las que sonara
la corriente fluvial
de la ternura.
Como se hablan los hombres,
conteniendo las ganas
de llorar, de decirse
'te quiero'. Sin llorar
ni decirse 'te quiero',
que es cosa de mujeres.

Qué quedaría entonces
de ti, después de tantos
años bajo la tierra.
Dónde hallarte - pensé
aquel día. No estamos
jamás donde morimos
definitivamente,
sino donde morimos
día a día.

III

Pero esta noche...

Te abrazaría, créeme,
te besaría,
te daría calor,
te adoraría. Haría
algo que es más difícil:
tratar de comprenderte.

Y te comprendería
te comprendo ya, créelo.
Nos va enseñando tanto
la vida... Nos enseña
por qué un hombre ve rota
su voluntad, y sueña,
y vive solitario;
por qué va a la deriva
en el témpano errante
arrancado a la costa,
y se deja morir
mientras mira impasible
cómo se hunden los suyos,
la carne de su carne,
su hermoso mundo...

IV

Son líneas sin sentido
éstas que trazo.
Yo mismo no comprendo
qué es lo que dejo en ellas.
Acaso sea música
de mi alma, arrancada
de modo misterioso
por tu mano de muerto.

Tu mano viva.
Yo pensé en ella, pero
era una mano muerta,
una mano enterrada
la que yo perseguía.

Inútilmente fui
buscando aquella mano.
Se estaba convirtiendo
en festín de las flores.
En vaho tibio para
empeñar las estrellas.
En luz malva y errante
que da su son al alba.
Estaría mezclándose
con la tierra materna.
Se hacía mano viva:
lo que es ahora.

V

Te abrazaría, créeme.
Te daría calor.
Te comprendo ya. Entonces
no era tiempo. Fue un día
de septiembre, en Ciriego,
-un cementerio que oye
la mar- el año mil
novecientos cincuenta.

Cuando vivías, eras
un extraño. Aquel día
entre mármoles, fui
buscándote, tratando
de comprenderte. Sólo
esta noche, de modo
inesperado, al fin
he comprendido.

Tarde,
para mi daño.