La frase más conocida de Georg Christoph Lichtenberg es “Concede a tu
espíritu el hábito de la duda, y a tu corazón, el de la tolerancia.” Sin
embargo en su colección de aforismos hay otra que se contrapone a esta, y es:
“La duda no debe ser más que atenta vigilancia, de lo contrario puede ser
peligrosa”. De donde, yuxtaponiendo la primera parte de las dos, habría que conceder al espíritu el hábito de la atenta
vigilancia.
Y afirma que la duda puede llegar a ser peligrosa. Tema peliagudo. Entonces
¿la tomamos como hábito? ¿O mejor será que otros duden y yo los tolere, por
deferencia de mi corazón?
También recojo aquello que dijo respecto al pensamiento de Descartes,
que mejor cabría exentarlo del “yo”, diciendo, en vez de “pienso”, “piensa”,
denotando que el pensamiento sucede como cosa ajena a quien lo piensa. Al menos
en el contexto de la duda.
Dudar
es pensar. Pero quien duda, no es el “yo” que piensa, sino algo externo que
duda y piensa por ti. Por azar o por fatalidad parece que dicha duda o
pensamiento se inserta en tu mente, pareciendo que lo duda o piensa uno, cuando
le viene impuesto. Ya dudar no es solo un peligro, sino un peligro que se nos
adhiere al azar. La atenta vigilancia sería entonces la receptividad a dicha
duda azarosa que nos sobrevuela y es susceptible de ponernos en peligro.
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