viernes, 2 de agosto de 2013

La duda peligrosa



  La frase más conocida de Georg Christoph Lichtenberg es “Concede a tu espíritu el hábito de la duda, y a tu corazón, el de la tolerancia.” Sin embargo en su colección de aforismos hay otra que se contrapone a esta, y es: “La duda no debe ser más que atenta vigilancia, de lo contrario puede ser peligrosa”. De donde, yuxtaponiendo la primera parte de las dos, habría que conceder al espíritu el hábito de la atenta vigilancia.

  Y afirma que la duda puede llegar a ser peligrosa. Tema peliagudo. Entonces ¿la tomamos como hábito? ¿O mejor será que otros duden y yo los tolere, por deferencia de mi corazón?



  También recojo aquello que dijo respecto al pensamiento de Descartes, que mejor cabría exentarlo del “yo”, diciendo, en vez de “pienso”, “piensa”, denotando que el pensamiento sucede como cosa ajena a quien lo piensa. Al menos en el contexto de la duda.

  Dudar es pensar. Pero quien duda, no es el “yo” que piensa, sino algo externo que duda y piensa por ti. Por azar o por fatalidad parece que dicha duda o pensamiento se inserta en tu mente, pareciendo que lo duda o piensa uno, cuando le viene impuesto. Ya dudar no es solo un peligro, sino un peligro que se nos adhiere al azar. La atenta vigilancia sería entonces la receptividad a dicha duda azarosa que nos sobrevuela y es susceptible de ponernos en peligro.




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