Hay que convencerse de que el pensador de Rodín no puede insistir en permanecer siempre al margen de la tecnología, de sus vertiginosos cambios e incorporaciones de herramientas muy útiles al acto de pensar. El empeño en abstraerse, en reducir la pura meditación y reflexión a lo mínimo espiritual, sin la injerencia de agentes externos, no le conducirá sino a una misantropía egoísta y ofensiva. Por tanto, las sucesivas réplicas de la estatua del escultor francés, añadirán un móvil en su mano diestra, para que pueda wasapear y compartir con su grupo de contactos sus elucubraciones.
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