domingo, 18 de agosto de 2013

El amor en punto


  La conversación es rutinaria después del trajín del día, al anochecer, en la alcoba. Incluso cuando explican los avatares y percances que les afectaron (fugas de gas, cortes de calle, averías de automóviles…) lo hacen con cierto tedio y automatismo. Entre tanto ella se desprende de las medias del liguero.
  Comentan lo que almorzaron antes de apagar la luz del centro de la habitación y dejar solo la de la mesilla de noche, más íntima. Ella se baja el cierre de la falda y la deja caer suavemente. Él la ayuda con el resto.
  Al deslizar su mano por el brazo de él, ella nota un objeto frío en la muñeca. Ha tocado la esfera del reloj. Entonces se le ocurre preguntar:
  -¿Qué horas es?
  Él considera que huelga más conversación.
  -El amor en punto.

  No parecen los prolegómenos más románticos antes de pasar al acto amatorio; será también la fuerza de la costumbre, la pujanza de la rutina. Lo que sí parece claro es que hay un momento en que sobra la conversación o cualquiera otra cosa que los distraiga. La evolución ha sido pertinente. Solo queda que hablen los cuerpos.
  Alguna vez los amantes protagonistas del relato de Marta Portal (del libro La veintena) cumplimentaron todo el proceso de cortejo amatorio según la naturaleza y la atracción mutua lo propiciara. Antes de la primera vez habría momentos de desajuste, donde, o bien uno de los dos no se sentía preparado para abordar aquel último colofón, o bien, aun concordando, no hubo medio de satisfacerlo.
  Los sexólogos tacharían de motivo de frustración la insatisfacción al no encontrar la combinación y sincronicidad en sus respectivos impulsos de atracción y deseo. Lo cual llevaría a una turbación y desánimo psicológico perjudicial e incluso patológico. Por eso lo tratan con terapia, interviniendo por separado a los miembros de la pareja, intentando que clarifiquen sus ideas y deseos y, con arreglo a ello, conviertan la eventualidad de un impulso fortuito a destiempo en una conducta consciente y decidida, madurada por ambos.
  En resumen, que lleguen alguna vez a citarse a la hora del amor en punto.


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